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Área Espiritual Meditaciones Cuando Dios Llora


Cuando Dios Llora

"Muestre que no es Dios quien causa el dolor y el sufrimiento" --Elena White.
En unos meses Alicia iba a cumplir 16 años cuando sus padres notaron algunos ganglios en su cuello. "¿Te sientes bien, Alicia?"

--Sí, ¿por qué?
--¿Qué son esos ganglios?
--No sé.

El doctor tampoco lo sabía, por lo cual ordenó algunos exámenes. El mal que afligía a Alicia era una enfermedad seria que se conoce con el nombre de linfoma. Mientras escribo estas líneas, Alicia está sufriendo terriblemente debido a la quimioterapia. Hace apenas cuatro semanas que se sentía bien, pero el tratamiento casi le quita la vida. Los médicos esperan que esta terapia destruya las células cancerosas. ¿Cuál es la causa por la cual Alicia está sufriendo de esta manera? ¿Por qué sufre la gente inocente? La mayoría de nosotros podría aceptar que el sufrimiento cayera solamente sobre los malvados, pero ¿por qué razón tiene que sufrir la gente buena?

Es la voluntad de Dios

¿Deberían Alicia y sus padres darles la razón a los que sugieren que su linfoma es un reflejo de la voluntad de Dios? Al atribuir a la voluntad de Dios el origen de una enfermedad mortal, estarían indicando el beneplácito de Dios por la alteración de la salud física. En otras palabras, decir que "es la voluntad de Dios", es simplemente otra forma de aceptar que "Dios lo quiere así". De acuerdo con Hebreos 10:7, Jesús se refirió al propósito de su encarnación de la siguiente forma: "He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad". Jesús vino para hacer la voluntad de Dios --o lo que él deseaba que hiciese--. ¿Y qué hizo Jesús? ¿Contagió a alguien de lepra? ¡No! Por el contrario, curó a los leprosos. ¿Afligió a alguien con la ceguera? ¡No! En varias ocasiones abrió los ojos de los ciegos. ¿Causó Jesús la sordera de algunas personas? ¡No! Por el contrario, él sanó a los sordos.

Cierto sábado, Jesús se encontró con una mujer inválida en la sinagoga. Durante 18 años esta mujer había sido humillada por causa de su invalidez. Jesús interrumpió su sermón, y mirándola con misericordia, preguntó: "Y a esta hija de Abrahán, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura...?" (Lucas 13:16). Has notado tú a quién culpó Jesús por la situación de esta mujer? Fue Satanás quien la había dejado inválida por 18 años.

Pero Jesús vino para mostrarnos la voluntad de Dios. Y, como consecuencia, curó a la mujer. Ciertamente podemos asegurarle a Alicia y a sus padres que Dios es la fuente de toda buena dádiva, y que, definitivamente, él no es la fuente de ninguna acción maligna. ¿Cómo podemos llegar a detestar el decaimiento que encontramos en nuestro planeta, si seguimos considerando que la causa de todo deterioro es Dios?

¿Dios castiga a los que ama?

Algunos cristianos, que se consideran sinceros, les dicen a personas como Alicia: "Tu eres muy especial para Dios. Dios nunca dedica sus esfuerzos en un material sin valor. Lo que sucede es que Dios quiere perfeccionarte. Cuando tu Padre Celestial haya completado su trabajo, tú serás como el oro refinado en el fuego". Eliú, un amigo de Job, dijo más o menos lo mismo. De acuerdo con Eliú, Dios envía sufrimientos no como castigo (como insistieron los amigos de Job Elifaz, Bildad, y Zofar), sino como una disciplina. (Ver Job 33:15-22, 29, 30).

¿Qué piensas acerca de este concepto? Los padres de Alicia habían notado algunas imperfecciones en ella y como buenos padres la habían disciplinado para que ella creciera honrando el nombre de la familia y fuera de beneficio a la sociedad. ¿Es esto lo que está haciendo Dios con Alicia? Supongamos por un momento que el linfoma ha llegado a perfeccionar el alma de Alicia.

¿Es este un medio apropiado para obtener el efecto deseado? Elena White escribió en cierta ocasión: "El cuerpo debe ser mantenido en una condición saludable a fin de que el alma pueda disfrutar de salud". Si éste es el caso, ¿cómo puede el linfoma de Alicia causarle perfección a su alma? Un cuerpo enfermo no proporciona una vía hacia la santificación. Y si el linfoma de Alicia le fue dado como una forma de disciplina divina, entonces, ¿por qué debe ella someterse a la quimioterapia, con el fin de erradicarlo? No permita Dios que los padres de Alicia interfieran con el castigo inspirado en el amor que Dios quiere impartir a la vida de su hija.

Ellos no deberían contrariar los propósitos de Dios. Si verdaderamente los desastres, las enfermedades y la muerte son para perfeccionarnos, todo cristiano ferviente debiera, en todo momento y lugar, asistir a Dios en su tarea de perfeccionamiento causando pena, ¡en lugar de aliviarlo! ¿Amará Alicia más profundamente a esta clase de Dios? Ciertamente, esto suena como que se trata de la clase de Dios en el cual Satanás quisiera que creyéramos. Después de todo, ¿qué mejor manera de distorsionar nuestro concepto de Dios que presentarlo como un padre abusivo?

Atrapados en el gran experimento

Hasta ahora, el sufrimiento de Alicia causado por la quimioterapia ha eclipsado el sufrimiento causado por el linfoma mismo. No obstante, su dolor y sufrimiento son terriblemente reales, tan reales que últimamente la han tenido que mantener bajo la influencia de sedantes. Todo esto parece tan sin sentido, tan absurdo. Pero frente a esta enfermedad, los defensores de Dios han propuesto la metáfora de un experimento cósmico entre el bien y el mal como medio de explicar algo que no tiene sentido.

  Alicia sabe que Dios no creó el mal; él creó sólo lo bueno. Lucifer (también conocido como el diablo, y en su estado posterior a la rebelión como Satanás) inventó el mal. Ella entiende que dentro del concepto del gran conflicto cósmico, Dios hubiera podido destruir a Lucifer a la primera señal de deslealtad, pero entonces el universo le hubiera servido   por temor y no por amor. Así, él permitió que Satanás se embarcara en el gran experimento del mal.

Alicia cree que cuando el universo entero y todo el mundo se convenza de que Dios está en lo cierto y que Satanás está errado, entonces Dios va a terminar con este experimento. Mientras tanto ella y billones de otros se sobreponen con mucho esfuerzo a una existencia de gran tortura en este mundo --como la experimentada por muchas ratas blancas de laboratorio--. Lo que está sucediendo en el interior de este laboratorio del mal no es placentero, pero todo esto contribuye en el logro de un beneficio mayor. Alicia lo reconoce, ¿pero te puedes imaginar cómo le suena ahora todo esto a ella? Probablemente algo así como: Dios empezó un procedimiento para probarse a sí mismo. Satanás ha dicho que Dios es egoísta, que Dios es arbitrario, que Dios es exigente, que Dios no es verdaderamente bueno.

Así que Dios le está dando a Satanás la oportunidad de probar su acusación. La verdadera naturaleza de Satanás se está revelando. Lo vemos en los desastres, las enfermedades y en las muertes a nuestro alrededor. Claramente, el tema de la gran controversia tiene un poder educativo tremendo.

 De todas las explicaciones de la existencia del sufrimiento, ésta es probablemente la más efectiva. Pero no debemos permitir que nos satisfaga. Si aceptamos el tema de la gran controversia como una de las mejores explicaciones del mal que ha infestado nuestro planeta, no debemos aceptar el sufrimiento de Alicia como un argumento válido por el simple hecho de estar apoyando una causa noble, a saber, la vindicación del carácter de Dios. Además ¿cuánto más sufrimiento se necesitará para comprobarles a los seres inteligentes y perfectos del universo que Dios está en lo justo y que Satanás está equivocado? ¿No suena esto más como un autoservicio que Dios se hace al permitir que se perpetúen todas las atrocidades de este mundo, en billones de sus criaturas durante miles de años, solamente para probar el punto de que él tiene razón y que Satanás está equivocado? ¿Qué clase de Dios puede permitir lo que ha sucedido en las últimas 24 horas --sin mencionar los seis mil años pasados-- simplemente para demostrar que él, y no algún otro, está en lo correcto? Al recurrir a las imágenes del gran conflicto para vindicar a Dios en el caso de enfermedades tales como la de Alicia, no podemos simplemente pasar por alto estos sufrimientos con sólo unas cuantas figuras locuaces del lenguaje.

Si lo hacemos, estamos chapoteando superficialmente con métodos diabólicos, haciendo el trabajo del maligno.

Etcétera

Frecuentemente se ofrecen otras posibles explicaciones a los que sufren. Y como en el caso de estas pocas que hemos explorado brevemente, aquéllas también tienen sus imperfecciones, especialmente al aplicarlas a casos individuales. La existencia de desastres, enfermedades y muerte, permanece siendo un absurdo. Al considerar tales respuestas imperfectas, probablemente es mejor no buscar una solución.

Entonces, cuál es la causa fundamental del origen del mal? Hemos explorado algunas de las explicaciones que se han ofrecido para explicar la vil presencia del mal. Cada una tiene sus méritos, pero cada una también tiene sus serias deficiencias. ¿Cómo podemos evitar hacer el trabajo de Satanás cuando intentamos defender a Dios en casos de desastres, enfermedad y muerte?

Primero, cuando explicamos el propósito del sufrimiento y la relación de Dios con éste, debemos permanecer sensibles al enigma del mal. Al elaborar teorías para explicar el sufrimiento, el proceso en sí tiende a crear un estado de apatía en los mismos que las desarrollan. No se debe permitir que los argumentos defensivos en favor de Dios que tratan de explicar la existencia del mal adormezcan nuestra sensibilidad moral. El mal, dondequiera que surja, nos debe hacer enojar. El sufrimiento dondequiera que aparezca, debe evocar nuestras más tiernas emociones.

Segundo, para mantener nuestra sensibilidad moral al tiempo que defendemos a Dios y su relación con el mal, debemos implementar constantemente dos criterios. Primero, simpatizar siempre con los que sufren. Debemos tratar de ponernos en su lugar. Debemos sufrir con ellos. No es fácil proyectarse en la situación de otro, pero si no lo intentamos, nos volveremos insensibles, y tarde o temprano, la insensibilidad se transforma en frialdad, y con el tiempo la frialdad se convierte en crueldad. Segundo, siempre debemos considerar nuestras teorías con mente crítica. No debemos enamorarnos tanto de nuestra teórica teología que perdamos de vista sus debilidades inherentes.

Tercero, debemos recordar que Dios no necesita de nuestros insignificantes intentos para defenderlo. Los cristianos frecuentemente se recuerdan a sí mismos que Dios no necesita de su dinero --sin embargo, los mismos insisten en la importancia de una mayordomía fiel--. De la misma manera, necesitamos reconocer que Dios no necesita de los seres humanos para racionalizar su relación con el universo.

Cuarto, necesitamos reconocer que la existencia del sufrimiento es tan inexplicable como la existencia del mal. La mayoría de los cristianos creen que los desastres, las enfermedades y la muerte siguen en alguna forma natural las huellas del pecado. No es fácil detectar una relación de causa-efecto en forma directa entre la ingestión de un bocado de fruta en el Edén y los eventos funestos que a diario echan a perder la existencia de nuestro planeta azul. Pero si hay una conexión --como lo afirma nuestra tradición--, entonces la respuesta a la pregunta del por qué existe el pecado, debe arrojar luz para contestar la pregunta sobre la razón del sufrimiento.

El problema es que el pecado no tiene una explicación lógica. Sencillamente, éste no tiene sentido. Por eso la Escritura lo llama un misterio --el misterio de la iniquidad (2 Tesalonicenses 2:7)--. "El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia... Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado". Verdaderamente, el mal físico que nos rodea es tan extravagante como el mal moral que está devastando nuestro planeta. Querámoslo o no, nuestro planeta ha llegado a ser un teatro de lo absurdo. Si somos genuinamente honestos con nosotros mismos, con otros y con las Escrituras debemos admitir que nuestras explicaciones son deficientes en cuanto a convicción y persuasión. El mal es un enigma que desafía toda explicación.

Cuando Dios llora

Alicia se encuentra todavía confinada en el hospital. Su fiebre se intensifica. Su infección es imposible de controlar. La quimioterapia todavía la mantiene balanceándose al borde de la vida.

¿Pero qué pasa con el Dios de la Biblia? ¿Dónde está él en este momento de trágico sufrimiento? ¿Qué está haciendo? Se nos proporciona una pista en la experiencia de María y Marta cuando murió su hermano Lázaro. ¿Dónde estaba Jesús? Lo encontramos frente a la tumba de Lázaro. Y "Jesús lloró" (Juan 11:35). A la entrada de la tumba de Lázaro, Dios (en Jesús) se unió a María, Marta, sus vecinos, sus amigos y conocidos para llorar con ellos.

Encontramos la misma situación en el Antiguo Testamento: "Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón" (Génesis 6:6). Isaías relata que "en toda angustia de ellos él fue angustiado" (Isaías 63:9). Jeremías relata la misma respuesta de parte de Dios: "Por tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre todo Moab haré clamor, y sobre los hombres de Kir-hares gemiré. Con llanto de Jezer lloraré por ti" (Jeremías 48:31,32).

Nuestra condición de hallarnos en medio de la adversidad no sólo conmueve a Dios, sino también nos anima para descargar "toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros" (1 Pedro 5:7). Y Pablo es enfático al decir: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38, 39).

La enfermedad de Alicia no implica que Dios la haya abandonado. En su dolor ella no debe preocuparse de que Dios no la quiera. "Puede suceder a menudo que vuestro espíritu se anuble de dolor. No tratéis nunca de pensar... Sabéis que Jesús os ama. Comprende vuestra debilidad. Podéis hacer su voluntad descansando sencillamente en sus brazos".4 Cuando Alicia sufre, Dios mismo derrama lágrimas. Esto es alentador pero, ¿es todo lo que Dios hace? ¿Es él un Dios compasivo pero impotente, que retuerce sus manos en frustración mientras llora con conmiseración? ¡No! Volvamos al caso de María, Marta y Lázaro... "Quitad la piedra", dijo Jesús (Juan 11:39). Después de una breve oración, Jesús, el Dios encarnado, ordenó: "Lázaro, ven fuera" (versículo 43). Y "el que había muerto salió" (versículo 44). Dios hizo más que derramar lágrimas. El venció la muerte.

Nuestras aflicciones conmueven a Dios, lo conmueven emocionalmente pero también lo impelen a mostranos su propósito. No siempre podemos ver la evidencia de su poder en el momento del desastre, la enfermedad y la muerte. En su lugar meramente presentimos sus lágrimas. No obstante, el Nuevo Testamento pone en claro el propósito de Dios. Finalmente Dios hará nuevas todas las cosas. (Apocalipsis 21:5). Un día, "enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, o dolor, porque las primeras cosas pasaron" (versículo 4). Me gusta imaginar que cuando Dios enjugue las lágrimas de nuestros ojos, una vez más frotará suavemente también los suyos. Entonces el Dios que lloró, arrojará su divino pañuelo para siempre.

Comentarios (3)add comment

Kely Alarcón said:

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Impresionante, jamás había leido algo que me hiciera comprender y ver desde otro ángulo el sufrimiento, estoy impaciente para compartirlo. En realidad vale la pena.Un saludo y les deseo mucho exito en el amor de Jesus. Kely Mexico.
28 de enero de 2009

StevenLuis said:

0
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No tengo palabras para describir como me he sentido hoy despues de leer varios artículos y principalmente este. Le doy las gracias a todos y especial mente a Dios.

Que Dios los bendiga y los llene de bendiciones y sabiduria para que de esta forma puedan ayudar a los demas anunciando su evangelio.
22 de noviembre de 2011

oscar andres pereira alvares said:

0
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Entonces la conclusion es que el dolor no tiene explicacion y que Dios no quiere el sufrimiento de sus hijos pero este es ocasionado por satanas. Pero que podemos decir del libro de job cuando satanas le pide permiso a Dios para tocar a JOB, Entonces satanas no puede tocar a los hijos de Dios sin permiso de el, que explicacion le damos a esto?
19 de febrero de 2012

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Jonás, un hombre dentro de un pez

Jonás, un hombre dentro de un pez
Era un hombre común y corriente, con temores y fortalezas. El no era un sumo sacerdote o alguien cercano a Dios como para considerar que por esa razón Dios le había dado una tarea que cumplir. Hijo de Amitai, el personaje en cuestión se llama: Jonás.
Y es que Dios no busca a los mejores para realizar tareas determinadas, sino que los hace mejores. Viendo Dios la maldad de la ciudad de Nínive decide encomendar una misión a Jonás, su misión la describe la Biblia: “Cierto día, un hombre llamado Jonás hijo de Amitai recibió un mensaje de parte de Dios: «¡Levántate, ve a la gran ciudad de Nínive y diles que ya he visto lo malvados que son!»” Jonás 1:1-2 (Traducción en lenguaje actual).
La Biblia narra de qué forma actuó Jonás luego de recibir la misión de Dios: “Pero en vez de ir a Nínive, Jonás decidió irse lo más lejos posible, a un lugar donde Dios no pudiera encontrarlo. Llegó al puerto de Jope y encontró un barco que estaba a punto de salir. Pagó su pasaje y se embarcó, contento de irse lo más lejos posible de Dios” Jonás 1:3 (Traducción en lenguaje actual).
La actitud de Jonás frente a la misión que Dios estaba encomendándole es parecida a la que en muchas ocasiones nosotros hemos tomado en torno a un mandato divino.
No era cosa fácil, si por algo Dios enviaba a Jonás a Nínive era porque en esa ciudad su gente era perversa y mala. Hablando en sentido humano: ¿Quién va querer ir a dar una advertencia a una ciudad llena de gente perversa?, ¿Qué podría pasarle a Jonás yendo a esa ciudad?, ¿Cómo reaccionaría la gente?, ¿Qué tal si lo mataban por reprenderlos?
La actitud de Jonás no es sorprendente, sino que hasta cierto punto, hablando en sentido humano es comprensible. Su instinto de sobrevivencia le insinuaba que no era bueno ir, seguramente Jonás conocía muy bien la ciudad y la gente que allí habitaba y por eso se decidió a no obedecer lo que Dios le estaba diciendo.
Es fácil criticar a Jonás de ser un desobediente o un hombre con poca fe, pero ¿Acaso no hemos actuado nosotros de esa forma?, ¿Acaso no hemos huido en alguna ocasión a un mandato divino?, independientemente de que el mandato divino sea sencillo o difícil, todos en alguna ocasión hemos desobedecido he ido hacia el lado contrario del cual Dios nos está enviando.
Pero tenemos a un Dios que cuando decide encomendarnos una misión no descansara hasta que la llevemos a cabo. Y es que si algo debemos saber y estar seguros es que Dios jamás te encomendara una misión para que fracases, jamás te dirá que hagas esto o aquello para que te vaya mal. Si Dios te llama es porque Él ya tiene trazado un plan maravilloso para ti y para esa misión que te esta encomendando, su FIDELIDAD que es UNICA es la garantía que nada malo pasara y si llegara a pasar, tienes que estar seguro que Dios obrara de una manera sobrenatural para hacer que todo aquello al final te sirva para bien.
Estando en un barco que lo llevaba exactamente al otro lado de a donde Dios lo había enviado, vino un viendo muy fuerte que pronto se convirtió en tempestad, todo por obra de Dios. El barco a punto de romperse en pedazos alertaba a los marineros que hacían hasta lo imposible por que el Barco no se hundiera y ellos no murieran.
Mientras tanto en la bodega del barco dormía Jonás, como queriendo disimular que nada pasaba, como cuando nosotros estamos tan tranquilos tratando de olvidar lo que Dios nos encomendó, como cuando estamos dormidos en la parte baja, mientras tendríamos que estar en el frente de batalla llevando a cabo la misión que Dios no encomienda.
El capitán del barco despierta a Jonás y le pide que clame a su Dios para que tal vez no mueran, los marineros echan suerte entre todos para saber quién de los pasajeros era el culpable de lo que estaban experimentando. La suerte cae sobre Jonás quien definitivamente era el causante de tal tempestad como consecuencia de su decisión de hacer lo contrario a lo que Dios le había enviado a hacer.
Jonás reconoce su culpa y expresa lo siguiente: “Soy hebreo y adoro a nuestro Dios, soberano y creador de todas las cosas. Lo que está pasando es culpa mía, pues estoy huyendo de él” Jonás 1:9 (Traducción en lenguaje actual).
A veces huir de Dios puede traer consecuencias que afectan a terceros. Indirectamente los hacemos parte de nuestra culpa y en ocasiones tienen que enfrentarse a tempestades consecuencias de nuestras malas decisiones.
Los marineros preguntan a Jonás que es lo que tienen que hacer para que no perezcan, y es en este punto donde me llama la atención algo que en toda mi vida en Cristo no había notado o no lo había visto de esta forma en cuando a esta historia, la respuesta de Jonás fue: “Échenme al mar, y el mar se calmará —contestó Jonás—. Esta terrible tempestad cayó sobre ustedes por mi culpa” Jonás 1:12 (Traducción en lenguaje actual).
¿Qué estaba pidiendo Jonás?, ¿Acaso estaba pidiendo que lo mataran?, por un momento imaginemos el episodio, con olas gigantescas azotando el barco, con vientos fuertes que hacían pensar a marineros experimentados que morirían, humanamente hablando no se podía hacer nada. Jonás les pide que lo echen al mar. ¿Acaso Jonás pensaba que un pez gigante lo salvaría?, ¡No! Jonás no conocía la historia que nosotros conocemos, personalmente pienso que Jonás no tenía valor de matarse, por lo que invitaba a los marineros a que ellos lo hicieran por él. Tirarlo al mar en medio de la nada y bajo una tempestad terrible era como para saber que iba a morir.
A veces preferimos morir en lugar de obedecer la voz de Dios, cuando obedecer a veces es tan fácil pero nosotros lo hacemos tan difícil.
Los marineros al no tener otra alternativa y viendo que su vida peligraba en gran manera, decidieron echar a Jonás al mar. Y he aquí un suceso sobrenatural: “Entonces Dios mandó un pez enorme, que se tragó a Jonás. Y Jonás estuvo dentro del pez tres días y tres noches” Jonás 1:17 (Traducción en lenguaje actual).
Es increíble como Dios actúa, y es que Dios no nos dejara morir aun cuando quisiéramos que pasara, Dios no ha terminado contigo, Él tiene un plan perfecto y un tiempo perfecto para actuar.
No he leído jamás en mi vida de otro hombre que haya sido tragado vivo por un pez y que pudiera permanecer tres días vivo dentro de él.
La estancia de Jonás dentro del pez me lleva a pensar que Dios aun en medio de nuestras desobediencias, nos cuida. Pasar dentro de un pez por tres días, no era algo sencillo de creer. ¿Cómo respiraba?, un pez no puede vivir fuera del agua, por lo que considero que por mucho tiempo el pez paso bajo agua, ¿Cómo entonces no murió Jonás?, Dios estaba con Jonás aun allí dentro del pez. Dios era quien le daba oxigeno, quien le mostraba su misericordia, quien le hacía ver que si siendo tragado por un pez y estando tantos días dentro de él no moría, ¿Entonces porque tenía que temer a un pueblo que era perverso?
A veces Dios mandará peces gigantes para que nos traguen y estando dentro de ellos podamos ver LA PROTECCION, MISERICORDIA Y FIDELIDAD  de DIOS.
Era una experiencia única, algo que quedaría para la historia, un suceso fuera de lo normal, Dios actuando con su creatividad única y a su mejor estilo. Y es que Dios siempre tiene formas de sorprendernos, formas de mostrarnos su fidelidad, misericordia y amor. A pesar de estar en una situación incómoda, Dios aun le mostraba su fidelidad aun en medio de las infidelidades de Jonás.
Estando dentro del pez, Jonás oro a Dios, reconoció su error, reconoció a Dios como el Soberano, reconoció que Dios lo protegía y sobre todo que solo Él podía salvarlo. Entonces Dios al ver que la oración de Jonás provenía de lo más sincero de su corazón actuó: “Por fin, Dios le ordenó al pez: «¡Arroja a Jonás en la orilla del mar!»” Jonás 2:10 (Traducción en lenguaje actual).
Al ver Jonás que tenía una nueva oportunidad, no quiso desperdiciarla y actuó como lo tendría que haber hecho desde el principio, fue a Nínive a dar el mensaje que Dios le había dado, la reacción de los habitantes de Nínive fue instantánea: “Entonces toda la gente de Nínive dejó de hacer lo malo y decidió obedecer sólo a Dios. Y como querían demostrar que deseaban cambiar su manera de vivir, se pusieron ropa de tela áspera y ayunaron. Todos ellos, desde el más rico hasta el más pobre, no comieron nada ese día” Jonás 3:5 (Traducción en lenguaje actual).
Después de todo, la gente no reacción como Jonás temió en un principio, sino que Dios ya lo tenía TODO planeado, el corazón de los habitantes de Nínive seria sensible a la voz de Dios y decidirían actuar, buscando el favor de Dios.
A veces pensamos que Dios nos está enviando a morir, pensamos que sus misiones son demasiados difíciles o duras, pero Dios ya lo tiene todo planeado, si Dios te envía es porque Dios sabe que te irá bien. Dios jamás te enviaría a fracasar, el miedo humano es nuestro peor enemigo, la inseguridad que nuestros sentimientos nos transmiten a veces quieren llevarnos a hacer lo contrario a lo que Dios quiere, y es allí en donde por muy difícil que veamos el panorama tenemos que activar nuestra fe y creer que si Dios nos manda a eso, es porque Él ya tiene un plan perfecto.
Posiblemente Dios te está dando una misión que cumplir, quizá has dudado, quizá has examinado el terreno y ves que es muy difícil. Quizá has pensado que no podrás o que morirás espiritualmente en el intento, pero déjame decirte que cuando Dios te da una orden que cumplir, es porque Él ya examino antes el camino, ya trazo un plan y sabe que tú tienes la capacidad de llevarlo a cabo y sobre todo teniendo su respaldo sobre tu vida.
Un mandato de Dios por muy difícil que parezca es una garantía de victoria, porque si Dios lo ordena, si Dios lo dice, entonces es porque será un total éxito.
¡Dios siempre tiene un plan perfecto, obedece sin temor!

Era un hombre común y corriente, con temores y fortalezas.

El no era un sumo sacerdote o alguien cercano a Dios como para considerar que por esa razón Dios le había dado una tarea que cumplir. Hijo de Amitai, el personaje en cuestión se llama: Jonás.

Y es que Dios no busca a los mejores para realizar tareas determinadas, sino que los hace mejores.

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